A veces quisiera ser como Robert Capa, bueno como Gerda Taro porque
no hay un Endre, reportar la guerra, o como algo más cercano, como
Jesús Abad, pero soy tan sentimental que cada injusticia me hace
llorar o ponerme a gritar para evitar que pase, porque no solo puedo
capturar el momento y evadir los sentimientos en medio de cada
tropel, porque para mí es imposible guardar silencio ante tanta
barbarie e injusticia.
A lo lejos me dispara a la cara,bean bag, escopeta calibre 12, metralla, balines y un trapo, a la cara y en el ojo como a Dylan, pero de pronto, las oraciones de mi abuela no han dejado que el Esmad o el estado me maten, cada vez que he estado cerca, alguien o algo me salva, me abraza y me levanta. No tengo heridas graves de guerra, ni tampoco quiero tenerlas, ni marcas en el cuerpo de la marcadora o de bolas de Paintball, jamás me ha bañado la tanqueta con agua sucia, orina o cualquier porquería liquida que pueden meterle,aunque mi abuelo crea que eso es porque ellos cumplen los protocolos de seguridad como en su época, cuando él era uno de ellos, cosa que también me hace odiarlo un poco, realmente no tengo cicatrices porque aprendí a escurrirme entre la gente y a esconderme, como si exigir derechos fuera delito, pero quitarlos fuera lo correcto. El gas lacrimógeno me ahoga y me asusta, soy ansiosa, en varias ocasiones estuve a punto de asfixiarme.
En Medellín alguien me enseñó a ponerme crema bajo la nariz y los ojos, mientras por primera vez el gas vencido logro quitarme la respiración y tirarme al suelo.Ella llego y con crema, agua con bicarbonato me levanto y me salvo.La segunda vez me iban a llevar una ambulancia, pero el resto de veces aprendí a tragármelo cual helado de gas lacrimógeno en Hong Kong, pero si el gas es muy viejo no dejan de arder los ojos y solo queda tirarse al suelo y guardar la calma o fumarse un peche mientras todo pasa. Pero cuando estas en una movilización y todo se dispersa, no corres con la misma suerte, las probabilidades de perder la vida o un ojo son mayores, todos corren y los débiles siempre quedamos a la deriva, aunque no tenga mal físico, mi mente esta desgastada y entra en pánico con el sonido del ladrido de cualquier perro, así que cualquier arma disparada cerca o lejos me asusta, porque prometí no morirme antes que mi abuela y a veces eso parece difícil.
Para el paro de 2018 me tiraron al suelo y en medio de un andén, la trazodona hizo efecto, inestabilidad,cansancio,mareo,me perdí, tirada en el suelo, solo sentía un profundo miedo, mientras todos pasaban por encima, por suerte me saltaban y solo alguien me pateo un pie, pero yo solo podía llorar, hasta que alguien con el rostro cubierto me levanto y me empujo para que mientras ella se hacía al frente yo pudiera irme de ahí, entre los edificios de las Nieves, de eso solo quedo un morado, un brazo que casi se parte pero que resistió. Cada vez que recuerdo eso, no quiero volver, pero siempre que veo el noticiero recuerdo por que seguir, como si me inflaran con helio para salir a la calle, los campesinos roseados por glifosato, los indígenas asesinados en un etnocidio interminable, los que tienen hambre siguen muriendo lentamente, los que piden salud se mueren sin ella, los que piden educación los quieren acabar a balazos y los que buscan soluciones desaparecen o solo mueren, sería una infamia solo guardar silencio, solo quedarme durmiendo en la casa, porque el conformismo es una enfermedad y la pérdida de memoria es una pandemia mas grave que el coronavirus, y yo solo tengo una cámara, que parece ser más peligrosa que cualquier arma de fuego. Y me sigue disparando, me cae en un pie una lata de gas y yo entre el gas vuelvo y escapo esperando que un día sea diferente.
A lo lejos me dispara a la cara,bean bag, escopeta calibre 12, metralla, balines y un trapo, a la cara y en el ojo como a Dylan, pero de pronto, las oraciones de mi abuela no han dejado que el Esmad o el estado me maten, cada vez que he estado cerca, alguien o algo me salva, me abraza y me levanta. No tengo heridas graves de guerra, ni tampoco quiero tenerlas, ni marcas en el cuerpo de la marcadora o de bolas de Paintball, jamás me ha bañado la tanqueta con agua sucia, orina o cualquier porquería liquida que pueden meterle,aunque mi abuelo crea que eso es porque ellos cumplen los protocolos de seguridad como en su época, cuando él era uno de ellos, cosa que también me hace odiarlo un poco, realmente no tengo cicatrices porque aprendí a escurrirme entre la gente y a esconderme, como si exigir derechos fuera delito, pero quitarlos fuera lo correcto. El gas lacrimógeno me ahoga y me asusta, soy ansiosa, en varias ocasiones estuve a punto de asfixiarme.
En Medellín alguien me enseñó a ponerme crema bajo la nariz y los ojos, mientras por primera vez el gas vencido logro quitarme la respiración y tirarme al suelo.Ella llego y con crema, agua con bicarbonato me levanto y me salvo.La segunda vez me iban a llevar una ambulancia, pero el resto de veces aprendí a tragármelo cual helado de gas lacrimógeno en Hong Kong, pero si el gas es muy viejo no dejan de arder los ojos y solo queda tirarse al suelo y guardar la calma o fumarse un peche mientras todo pasa. Pero cuando estas en una movilización y todo se dispersa, no corres con la misma suerte, las probabilidades de perder la vida o un ojo son mayores, todos corren y los débiles siempre quedamos a la deriva, aunque no tenga mal físico, mi mente esta desgastada y entra en pánico con el sonido del ladrido de cualquier perro, así que cualquier arma disparada cerca o lejos me asusta, porque prometí no morirme antes que mi abuela y a veces eso parece difícil.
Para el paro de 2018 me tiraron al suelo y en medio de un andén, la trazodona hizo efecto, inestabilidad,cansancio,mareo,me perdí, tirada en el suelo, solo sentía un profundo miedo, mientras todos pasaban por encima, por suerte me saltaban y solo alguien me pateo un pie, pero yo solo podía llorar, hasta que alguien con el rostro cubierto me levanto y me empujo para que mientras ella se hacía al frente yo pudiera irme de ahí, entre los edificios de las Nieves, de eso solo quedo un morado, un brazo que casi se parte pero que resistió. Cada vez que recuerdo eso, no quiero volver, pero siempre que veo el noticiero recuerdo por que seguir, como si me inflaran con helio para salir a la calle, los campesinos roseados por glifosato, los indígenas asesinados en un etnocidio interminable, los que tienen hambre siguen muriendo lentamente, los que piden salud se mueren sin ella, los que piden educación los quieren acabar a balazos y los que buscan soluciones desaparecen o solo mueren, sería una infamia solo guardar silencio, solo quedarme durmiendo en la casa, porque el conformismo es una enfermedad y la pérdida de memoria es una pandemia mas grave que el coronavirus, y yo solo tengo una cámara, que parece ser más peligrosa que cualquier arma de fuego. Y me sigue disparando, me cae en un pie una lata de gas y yo entre el gas vuelvo y escapo esperando que un día sea diferente.
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